
La superficie de la tierra es de 510.101.000 Km.2.; el sol no tiene superficie sólida pero desde acá se ve descomunalmente enorme. El centro del universo, sin embargo, mide 16 mm, y flota en el aura líquda y esponjosa en que lo empolla una entidad llamada madre.
Mucho antes de que el centro del mundo existiera, en las épocas en que era un mundanísimo bebé de Yoli Bel, yo ya era su madrina. Siempre era nena y se llamaba Victoria. Tenía una prima que era hija mía y que alguna vez se llamó Juana, pero que casi siempre cambiaba de nombre.
Como para seguir despeinando cejas eclesiales, si el centro del mundo es un varón se llamará Lázaro, como el hermano de María Magdalena; si es mujer no sabemos.
Así que ya ve, señora, a la miércoles con los grandes paradigmas. Y no es una revolución científica. Es un bebé. Mide lo que mide una arveja, y de pronto el ritmo de su corazón es el ritmo de todo.
Feliz primer día de la madre para Maca, entonces, y en ella para todas. Cada una sabe dónde está el centro del universo, cada una recuerda milimetralmente el giro copernicano. Cada una sabe cómo dejó de ser quien era para ser otra, cómo esa revolución privada cambió la forma de las cosas. Cada una conoce las delicias de esa transformación. Cada una conoce las dimensiones de lo que festeja cuando festeja el día de la madre.