Entre la variedad de repercursiones que ese hecho conlleva, está esto que siempre le cuento de que no sé decir que no, y me encuentro ahora en una disyuntiva: no tengo otra opción para San Valentín. Aunque no durmiera no llegaría a terminar con más pedidos de los que ya tomé pero anoche Verónica, que me llamó por teléfono, me insistió tanto que le dije que hoy iba a haber una solución para ella en el blog. Aquí va.
Señora, si usted es un cero al as en la cocina, tome nota. Le paso lo que necesita para hacer un postre romantique y quedar como una reina.
Haga una chotorta pequeñita y baja, por caso tres o cuatro capas de chocolinas (recuerde reemplazar queso-inmundo por Philadelphia) sobre un plato cualquiera. Déjela unas horas en la heladera, así todos los ingredientes se afianzan. Después córtela en forma de corazón, con cortante, si tiene, y si no a cuchillo. Los sobrantes se los come, no va a empezar la dieta un fin de semana. Luego toma una blonda (papel con voladito, se compra en el cotillón por 25 centavos) tamaño acorde, lo pone sobre la torta y da vuelta el plato (con su mano sosteniendo la blonda, obviamente). Ahí tiene su corazón de chocotorta, rico pero feo, de modo que me lo embadurna en dulce de leche y lo cubre de coco rallado teñido y/o granas y/o chocolate rallado y/o cookies bañadas y/o lo que le guste más. Si tiene plato oscuro, preséntelo sobre ese para que resalte la blonda ¿cachai? y todo resuelto y además puede jactarse de que lo hizo usted misma (pero no se envicie que así empecé yo y mire como terminé después del posgrado...).
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